martes, 13 de septiembre de 2011

Vacaciones pueblerinas (I)

Cuando llega el verano, mi familia se prepara para la clásica visita al pueblo y la vuelta a lo que algunos llaman raíces y para mi es sólo un regreso a la infancia. Año tras año, ya se han convertido en rutina toda una serie de comportamientos que repetimos minuciosamente como si estuvieran escritos en un guión.

La salida de Barcelona es muy temprano, con la fresca, el maletero del coche a tope, apretujadas en su interior unas cuantas maletas y multitud de objetos que, desechados en la vida diaria, suponemos que aún pueden alargar su servicio en el pueblo. El primer tramo del viaje es el más agradable, sobre todo si hay suerte y no encontramos accidentes en la carretera que se fijen en nuestra retina y nos hagan sentir temor, o las molestas caravanas en los peajes...

El desayuno, en la autopista, muy cerca de Valencia. La comida, en La Mancha, a poder ser en Santa Cruz de Mudela. Aunque hay varios restaurantes, siempre elegimos el mismo, hay menú económico y se come bastante bien. El peor tramo es el que hacemos después de la comida, con el estómago lleno y un sol de justicia. Pasado Despeñaperros la carretera parece no tener fin, el asfalto brillante, casi fundido, y el aire acondicionado al máximo. Córdoba no llega nunca. Pero sí llega, un par de horas después, y la pasamos, y nos plantamos en nuestra parada favorita, en El Vacar, una aldea de Espiel que está junto al militar Cerro Muriano. Allí tomamos el último café con hielo y recabamos provisiones en una tienda rural: pan, huevos de gallina de campo y algo de fruta, tomates, o lo que se considere necesario.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Mujeres escritoras: Blanca Andreu


Blanca Andreu nació en A Coruña, en 1959. Pasó su infancia y adolescencia en Orihuela, Alicante y Murcia y posteriormente se trasladó a Madrid. Con su primer libro, publicado en 1980, De una niña de provincias que se vino a vivir a un Chagall, ganó el premio Adonais cuando todavía significaba mucho. Su presencia en Madrid causó sensación, era inteligente, culta, sensible, y muy joven y guapa, en un momento en que la mayor parte de las poetisas españolas eran venerables ancianas.

Se cuenta que, en la recepción anual que los Reyes daban a los escritores, Juan Carlos no pudo disimular su atracción ante la figura de Blanca vestida con una minifalda muy mini. También que Paco Umbral, del que se dice fue el que le puso título a su primer libro, fue el primero que le echó el ojo. Ella acabó casándose con el novelista Juan Benet en 1985.


Su marido murió en 1993, y Blanca se fue a vivir a A Coruña donde vive apartada de toda actividad pública.

De una niña de provincias tiene una clara influencia del surrealismo, tanto en la técnica de escritura como en el hecho de que antepone la inspiración a cualquier otra cosa, y sin referencias apenas a hechos concretos ni preocupaciones intensas de tipo social o generacional. Esto rompe con la vertiente mayoritaria de la poesía española del momento (que todavía hoy está en activo), la cual tiende a basarse en el ideario y la forma de los poetas de la generación del 50.