domingo, 27 de marzo de 2011

Enviar archivos de gran tamaño

Hay ocasiones en las que queremos enviar a un amigo archivos de gran tamaño, sobre todo fotos o videos, y cuando intentamos hacerlo por correo electrónico resulta un proceso muy lento y a veces ni siquiera llegan a su destino.

Para enviar este tipo de archivos siempre es mejor y más rápido usar un servicio de intercambio de archivos. Todos funcionan de manera similar, se selecciona el fichero que deseas subir al servicio, lugar donde se almacena durante un período de tiempo que puede ser unos días o no tener límite de tiempo, y te proporcionan un enlace para encontrar tus archivos y poder descargarlos en el momento que lo desees. Algunos servicios esperan que tú notifiques a la persona destinataria el enlace, otros envían el aviso directamente (previa solitud del email de destino).

Otra cuestión que varía en los distintos servicios es el tamaño de los archivos que aceptan, y también que en algunos hay que registrarse para utilizarlos, aunque en la mayor parte no es necesario.

Hay opciones gratuitas y de cobro. Por lo general, si pagas por un servicio podrás tener mayor velocidad de subida de los archivos y almacenamiento ilimitado por tiempo ilimitado.

Contar con este almacenamiento on line puede ser muy útil en muchas circunstancias, no sólo en el caso de envío de archivos. Por ejemplo, para hacer copias de seguridad de nuestro disco duro, sin necesidad de tener que comprar un disco externo.

Estos son algunos de los servicios de hosting gratuito más utilizados:

Megaupload
Rapidshare
Mediafire
Filefront
Sendspace
Yousendit
Depositfiles
Fileserve
Filefactory
Gigasize
Hotfile
Easy-share


Estos hostings se ven muy presionados por la lucha anti-piratería y al menor atisbo de ilegalidad los administradores eliminan el archivo sospechoso de sus servidores, aunque sea de forma injusta. Para paliar este problema hay otros servicios que te permiten subir archivos a varios servidores a la vez, por ejemplo MultiSiteUpload

sábado, 26 de marzo de 2011

Actos en conmemoración del día de la mujer

Esta primera quincena de marzo, ha estado llena de actividades relacionadas con el 8 de marzo, el día de la mujer. En Violeta hemos participado en muchas de esas actividades, y hasta hemos organizado algunas.

El miércoles 16, un cinefórum de la película "Solas". Aparte de la calidad de la película, que siempre sobrecoge, lo más interesante de la noche fue el debate. Asistió mucha gente externa, de fuera de la asociació. No es que estuviera abarrotado, pero en comparación con otros actos que hemos organizado, había bastantes personas, incluídos algunos hombres.



Como ya he dicho, lo mejor fue el debate. Hicimos una pequeña merienda, y alrededor de una mesa, hablamos, comimos y tomamos un refrigerio. Fue una charla muy animada en la que se intercambiaron ideas muy interesantes. Casi tuvimos que echar a la gente, porque se hizo muy tarde, y nadie quería irse.

Antes de empezar la peli, un equipo de BTV nos estuvo grabando para el programa Respira. Será un episodio que tratará sobre mujeres maltratadas, y donde se entrevista a la presidenta de la asociación. Se emitirá próximamente.

El día de la caminata fue el domingo 20 de marzo. Un día soleado y luminoso que nos permitió lucir con orgullo nuestras camisetas violeta. Como cada año, la caminata transcurrió sin ningún contratiempo, nos sirvió para recorrer el pueblo de arriba abajo y para charlar con amigos y conocidos. Lo único destacable, también como cada año, fue la guerra de las pancartas. Y es que hay asociaciones que, en su afán para lucir su pancarta y colocarse en primera fila, no dudan en correr, dar codazos, patadas o lo que sea necesario. Y hasta se colocan por delante de la pancarta que nos representa a todas, la oficial. No sé si es por falta de educación o por exceso de competitividad.

lunes, 7 de marzo de 2011

Curso de monitores


Ya he explicado en alguna parte que mis inicios en el mundo asociativo fue con un grupo de esplai. Un esplai un tanto original que comenzó formando parte de la parroquia del pueblo y acabó haciendo actividades en la calle con los niños.

A la vuelta de las vacaciones de verano de aquel primer año de existencia del grupo, nuestras condiciones de trabajo mejoraron notablemente. Aún no habían llegado los Ayuntamientos democráticos, pero ya había cierta sensibilidad en el consistorio hacia las inquietudes de los jóvenes. Estuvimos pidiendo y machacando a base de instancias un local para poder desarrollar nuestras actividades, y al final nos lo concedieron. Era un lugar que durante unos años se había usado como colegio y a principios de curso quedó vacío cuando las aulas se trasladaron a un instituto recién construido.

El local era enorme. Tres salas grandes y dos lavabos, que por cierto estaban muy sucios, la taza del wáter tenía incrustadas unas extrañas sustancias de color indefinido y eliminarlas nos costó unas cuantas horas y varios litros de salfumán. Mi prima Ana(que aún no era mi prima, por entonces sólo era amiga, hasta unos años después que se casó con uno de mis primos) y yo, estuvimos todo un día entero limpiándolos. La ilusión podía con todo, hasta con el asco que sentíamos cuando metíamos nuestras manos enguantadas por aquel conducto extraño.

Ese año habíamos comenzado a hacer un cursillo de monitores. No era necesario para trabajar con niños, como lo es ahora, pero nosotros queríamos prepararnos para hacerlo lo mejor posible. Así que nuestra agenda semanal quedó completa, ni un minuto libre nos quedaba. De lunes a Viernes, trabajo por la mañana, estudios por la tarde. El sábado por la mañana también trabajo, por entonces no existía la semana inglesa. Sábado por la tarde, esplai con nuestros niños. Y domingo, curso de monitores. Con ese plan de trabajo estuvimos varios meses.

Lo que más me gustaba del curso eran los bailes, los juegos y las canciones que aprendíanos, lo que menos, los trabajos manuales. También eran muy interesantes las sesiones teóricas de psicología y pedagogía, y las de animación de grupos. Los conocimientos que adquirí me ayudaron mucho posteriormente en la vida laboral, donde pude ponerlas en práctica tanto como en nuestras veladas de esplai.

"La bella polenta", una canción tradicional italiana que describe las fases del maíz, desde que se planta hasta que se come en esa especie de potaje tradicional que data de tiempos inmemoriales. A nuestros niños le encantaba. Y a nosotros nos gustaba cantarla sobre todo cuando teníamos público, ¡Cómo molaba que el mundo mundial se enterara de que sabíamos cantar en italiano!


A mi particularmente me gustaba esta otra canción que cantábamos, mejor dicho, que destrozábamos, a varias voces.


Las danzas del Far West, las llamábamos así antes de que llegase la moda del Country, eran las que más éxito tenían, tanto entre los monitores como entre los niños.


Y por suspuesto, el eram sam sam. Esa le gustaba también a los padres, que se partían de risa cuando la canción cogía velocidad y tenían que tocarse el culo y tirarse al suelo a ritmo frenético. En esta versión descafeinada que he encontrado en youtube los niños se tocan el hombro y la cabeza cuando dice "culi culi", pero no es la auténtica.


Otro de los juegos que aprendimos en aquel curso fue el "¡Oh gran amigocho!". Uno de los jugadores ordenaba lo que tenían que hacer los demás, todos estaban sentados en el suelo, en corro. Siempre se empezaba saludando estilo indio, con la mano derecha levantada, y diciendo "Oh gran amigocho", y el resto repetía todo lo que el gran jefe decía o hacía. El objetivo era formar figuras esperpénticas que hicieran difícil guardar el equilibrio y que causaran risa. Por ejemplo: "con la mano derechocha, coged la narizocha del compañerocho de la izquierdocha, y con la mano izquierdocha coged la piernocha del compañerocho de la derechocha". Sí, sé que es difícil de entender, pero probad a jugarlo en alguna fiesta cuando estéis en grupo, veréis lo divertido que es.

Al acabar el curso, los nuevos monitores pasamos un fin de semana en una casa de Castelldefels. Procedíamos de varios grupos de diferentes localidades, y el objetivo era poner en práctica todo lo que habíamos aprendido. Hicimos juegos, y reuniones más serias en las que hablábamos de nosotros mismos. Recuerdo en concreto la del Sábado por la tarde, dirigida por Pau Garsaball, un psicólogo hijo del conocido actor catalán del mismo nombre. Consiguió que nos abriéramos y habláramos de nuestros sentimientos, y de cosas que habitualmente no sacamos al exterior.

Tuve la oportunidad de volver a coincidir con Pau por cuestiones profesionales. No sé si aún sigue ejerciendo de psicólogo, lo que sí sé es que a veces ha hecho de guionista en varias series de TV3, siguiendo la estela paterna. Si lo ha dejado, sería una lástima, era un gran psicólogo, y sabía como llegar a la gente.